El Día Que Me Liberaste.
Capitulo 1. — Dioses del pecado.
Aleena.
Voces resonaban junto a miles de palabras sin sentido; como un eco.
La oscuridad me llamaba con un leve susurro, me rogaba que me dejara envolver, me pedía que la liberara y a cambio, obtendría poder.
Unas puertas de madera estaban frente a mí, emergiendo de la oscuridad misma, como una ofrenda a mi curiosidad.
Símbolos ininteligibles estaban cubiertos de sangre; me suplicaban que me acercara. Unos hierros negros se adherían a la madera, como una jaula.
— Abre…
Las voces se volvieron gritos, gritos que aclamaban venganza, que demostraban pesar y exteriorizaban furia.
— Sálvame…
Algo me tomo de la espalda, halando de mi. La desesperación se impregnó en cada latido de mi corazón y empecé a luchar.
— Libérame…
Mis pies dejaron el suelo y la ingravidez me envolvió, distinguía columnas, y los pisos de piedra guiaban el camino, la grava crujía y el olor a tierra me mareaba. Todo se movía a mi alrededor como un remolino, no tenía pies ni cabeza y de pronto… me soltaron.
El tiempo se detuvo y la oscuridad me absorbió, empecé a caer a gran velocidad, el final estaba cerca.
La luz al final me hacía saber que no había escapatoria y como siempre, cuando estoy a nada de tocarla….
todo se desvanecía.
—¡Levántate!— el grito de Lowell me despierta, abrumada, lo observo de pie en mi cocina, la sudadera negra resalta su cabello platinado, luciendo como una llama.
El apartamento está a oscuras, a excepción de la cocina. Un dolor punzante en la cabeza me hace cerrar los ojos y cuando los abro nuevamente, me siento en otra dimensión.
—Déjame.
—Levanta tu trasero apestoso de ese sillón, no me hagas arrastrarte.
—Vete a la mierda, ya te quiero ver intentarlo.
—Ya es suficiente. No puedes perder más tiempo ¡Levántate!
—Para haber evadido la muerte, estás muy activo, ¿qué quieres que haga?
El olor a vodka penetra mis sentidos con violencia, la garganta me arde como si tuviera carbón dentro. Sus ojos grises como el hielo me miran fijamente y destellos de ese día parpadean en mi mente.
Cuerpos por todos lados… los dibujos de sangre en las paredes.
—Levántate, aprende a vivir sin mí.
Mis pulsaciones se disparan y la sangre helada empieza a correr por mis venas. La luz empieza a oscurecer poco a poco y las paredes se desmoronan como la arena, la silueta de Lowell se desvanece dejando simples cenizas.
Intento moverme, pero de un momento a otro, él está frente a mi, observo la casa y todo está en su lugar.
Levanto la manta en una invitación, su mirada se suaviza y me sonríe acostándose a mi lado, lo abrazo con fuerza, su aroma se mezcla en el aire con olor a vodka y lo aprieto más.
Poco a poco, siento como su cuerpo se desvanece. El miedo me quema las entrañas y desesperadamente trato de sostenerlo.
Polvo y escombros se acumulan a mi alrededor, un sonido punzante empieza a sonar por todo el lugar. Mi respiración es cada vez más pesada y lenta. Cuando no quedan más que cenizas, me levanto. Digo su nombre con fervor, con miedo y dolor. Con furia, golpeo los escombros, pateo los muebles, pero no está, una espesura gris me envuelve, estoy sola...
Mi respiración se entrecorta, cada vez más lenta, un dolor desgarrador me pone de rodillas y grito, tan fuerte como puedo, con todo el dolor que tengo, y el aire se me va. Araño mi garganta hasta que siento la humedad de la sangre.
Con una gran bocanada de aire, me despierto, abro los ojos y observo mi alrededor, todo se encuentra… vacío.
Mi pecho duele, la nariz me arde, pero no lloro. Mis lágrimas no van a hacer que Lowell vuelva, la esperanza arde como el fuego en mi pecho aún, hasta que no tenga su cuerpo en mis manos, el vive.
Me levanto del sillón, con el peso del mundo en mis hombros, camino lo más lento que puedo hacia la ventana frente a mi.
Rodeada de pinos y naturaleza, me siento tan… muerta. Siempre lo había tenido a mi lado, él era parte de mi humanidad, él siempre…
Mi teléfono vibra en la mesa detrás de mi, me giro y cuando estoy a nada de alcanzarlo, la pantalla se enciende, me toma 3 segundos procesar lo que veo.
No hay manera de que supieran.
El rastreador… está activo.
Mi corazón late a un ritmo antinatural, tomo el teléfono con sutileza, como si el hecho de hacerlo demasiado rápido lo hiciera desaparecer.
El puntito rojo parpadea en la pantalla y la esperanza arde lentamente en mi interior.
***
Escucho nuevamente sus débiles quejidos , sintiendo la desesperanza emanando por cada poro de su cuerpo junto a la muerte brillando en sus ojos.
Decido tomarme unos segundos para admirar la bella obra de arte frente a mí. Las salpicaduras en los azulejos blancos, su cuerpo atado a la silla, las lágrimas creando un sendero por su rostro. Y con la mirada fija en sus ojos… sonrío.
—Pequeña bestia mística, cuéntame todo sobre El Reino Maldito.
***
Queridos desconocidos, este es el primer capitulo de mi primer libro.
Me ha tomado mucho tiempo decidirme si hacerlo o no, pero aquí está, porque vida... solo una
Sheram 🦋
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